Joan Valero

The World in Play: Luxury Cards 1430-1540

TIMOTHY B. HUSBAND. The World in Play: Luxury Cards 1430-1540, Metropolitan Museum of Art, 2016, 136 p.
ISBN: 978-1588396082

Sólo se conocen tres mazos de cartas pintadas a mano de finales de la Edad Media, dos de los cuales realizados en Alemania y el otro en los Países Bajos borgoñones, todos ellos pertenecientes al siglo XV. El único conjunto completo de estas cartas (las flamencas) han formado parte, junto con ejemplos representativos de los otros dos mazos, de la exposición The World in Play: Luxury Cards, 1430–1540, en el museo The Cloisters.

Las cartas vienen acompañadas de otras obras que permiten contextualizarlas, como unas cartas alemanas del siglo XV grabadas en madera, cartas del tarot del norte de Italia, pinturas del maestro de Basilea Konrad Witz (1400-1445) y producciones de otros dos artistas de la época, conocidos como el Maestro E. S. y el Maestro de las cartas de juego.

Los primeros juegos de cartas conocidos los encontramos en China hacia el siglo IX; más tarde llegarán a la India y Oriente Medio. En Europa, aparecen por primera vez hacia finales del siglo XIV, probablemente a través del comercio. Debido a que los juegos de cartas a menudo implicaban apuestas, las autoridades civiles y religiosas europeas llegaron a prohibirlas.

Los juegos de cartas pintadas que forman parte de la exposición proceden de Stuttgart (c. 1430), Ambras Courtly Hunt Cards (c. 1440) y del mismo museo de Cloisters (c. 1470-1480). Fueron, por tanto, realizadas en un lapso de unos 50 años por diferentes artistas en distintos centros. Aunque cada baraja es única, las imágenes representadas coinciden al presentar escenas relacionadas con la caza, una de las actividades de ocio favoritas de la nobleza medieval. La elevada calidad de las pinturas y las excelentes condiciones de conservación de las cartas sugieren que nunca se llegó a jugar con estos conjuntos de lujo; habrían servido, más bien, como objetos de colección, para el disfrute privado de sus propietarios.

Las cartas de Stuttgart (12 de las 49 que conforman el mazo conservado son expuestas en el museo), a pesar de centrarse en el tema de la caza, en ninguna de ellas se muestran escenas de caza. Al contrario, las imágenes de las cartas de Stuttgart sirven como una metáfora de la visión del mundo de su promotor, evocando un pasado caballeresco en el que el hombre vive en armonía con la naturaleza. Los cuatro palos del juego son halcones, sabuesos, patos y ciervos.

Sobre la base del estilo general y de la manera de representar los paisajes, las Ambras Courtly Hunt Cards han sido atribuidas al taller del pintor alemán Konrad Witz. Los palos son señuelos, halcones, garzas y perros. En la exposición se presentan seis cartas de esta baraja.

Las Cloisters Playing Cards constituyen el primer conjunto completo de cartas, y se encuentran entre las obras más interesantes del arte profano de la colección del museo neoyorquino. La exposición muestra por primera vez el conjunto completo de las 52 cartas. (Debido a que estas obras en papel son muy sensibles a la luz, normalmente sólo se expone a la vez un pequeño número de las cartas). Los palos de esta baraja son conformados por lazos, collares, correas y los cuernos de caza.

Completan la exposición seis ejemplares de las cartas Courtly Household del siglo XVI -las primeras cartas impresas conocidas-, que proporcionan una fascinante visión de la organización de una corte principesca de finales de la Edad Media. Los cuatro palos corresponden a los reinos de Alemania, Francia, Bohemia y Hungría. Las tarjetas coloreadas a mano de esta serie, adornadas con plata y pan de oro, representan los diversos rangos de la corte: rey, reina, mariscal, capellán, médico, canciller, dama de corte, barbero, heraldo, pescadero y bufón. Algunos cargos son representados en los cuatro palos, otros aparecen sólo una vez.

Finalmente, se ha incorporado un conjunto posterior de cartas en madera impresas en Nuremberg hacia 1540, por el escultor, diseñador y grabador alemán Peter Flötner, las cuales se distinguen por las notaciones musicales que aparecen en el reverso de cada carta. Las cartas de esta baraja -expuesta en su integridad- han sido coloreadas a mano, con adornos de plata y oro. Las imágenes de los palos -bellotas, hojas, corazones y campanas- en esa época se habían convertido en un estándar en Alemania.

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