Joan Valero

L’altare di San Giovanni del Museo dell’Opera del Duomo di Firenze. Il restauro (2006-2012)

Estudio sobre el retablo gótico del baptisterio de San Juan de Florencia, una señalada obra de orfebrería recientemente restaurada

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Descripción

C. INNOCENTI. L’altare di San Giovanni del Museo dell’Opera del Duomo di Firenze. Il restauro (2006-2012), Mandragora, 2018, 237 p.
ISBN: 978-8874613960

Una de las razones por las que el estudio de la historia del arte, que es el patrimonio cultural de nuestro pasado, aunque tan poco practicado y apreciado en Italia, resulta realmente fascinante y atractivo, radica en el hecho de que las obras de arte son testigos vivos y concretos de los eventos, pensamientos y de los hombres a lo largo del tiempo.

Se trata de una fuente directa, sin intermediarios ni interpretaciones, como sucede en muchos otros campos. Algunas obras de arte, además, alcanzan un valor simbólico muy significativo, absorbiendo en su consistencia material los significados y valores de una civilización: este es el caso del altar de plata de San Juan Bautista, cuya restauración se presenta en este volumen, el segundo, después del dedicado a la restauración de la Puerta del Paraíso por Ghiberti, nacido de la colaboración activa entre el Opificio y la Opera di Santa Maria del Fiore.

Antes de la construcción de la cúpula de Brunelleschi que, según las palabras de Alberti en el prólogo de su “Sulla pittura”, se convierte en el monumento -en el sentido etimológico del término- de la nueva civilización florentina del Renacimiento, el edificio que más representaba la identidad de la ciudad de Florencia y sus ciudadanos fue el baptisterio de San Giovanni.

En este edificio se bautizaron todos los florentinos y su origen legendario -aunque no tanto como afirman algunos estudios recientes-, situado en la época romana, garantizaba ese valor de identidad a través de la historia, que está bien testimoniado por su presencia constante en todas las representaciones sintéticas de la ciudad en las artes figurativas.

La fiesta del santo patrón, San Juan Bautista, de hecho, involucró a toda la ciudad con procesiones, juegos y ceremonias, pero el corazón de todo estaba en el baptisterio, en el centro del cual se encontraba el altar de plata con los relicarios, los palios de las diversas Artes, y en frente del cual los sacerdotes celebraban las complejas liturgias de las festividades, adornadas con ricas vestiduras de terciopelo blanco brocado enriquecidas por los refinados bordados de oro con velo, realizados sobre la base de cartones de Pollaiolo.