Joan Valero

Esments d’orfebreria litúrgica en la documentació catalana (segles IX-XIV). Recull provisional

LOURDES DE SANJOSÉ LLONGUERAS. Esments d’Orfebreria litúrgica en la documentació catalana (segles IX-XIV). Recull provisional, Arxiu Biblioteca Episcopal de Vic, 2017, 300 p.
ISBN: 978-8469770979

Esta publicación recoge las citaciones extraídas de trescientos setenta y seis documentos de orfebrería medieval catalana de los que una cincuentena son inéditos y han sido localizados, en su mayor parte, en el Archivo y Biblioteca Episcopal de Vic.

La colección muestra la rica y diversa tipología de la documentación de la que se han seleccionado las citaciones relativas a la orfebrería litúrgica catalana de los siglos IX-XIV. Se ha podido establecer cuáles son los vasos litúrgicos de uso más frecuente de las iglesias catalanas y otros de gran valor litúrgico y económico, el ejemplo más paradigmático es el frontal de altar del que no se conserva ningún ejemplar del taller catalán del metal, sin embargo han sido cuantiosas las aportaciones a frontales que se han podido anotar. Entre los objetos litúrgicos más citados destacan el cáliz y la patena, los candelabros, la cruz y el incensario.

La tipología de los documentos analizados es muy variada, destacan los inventarios, algunos muy antiguos, como los de la catedral de Vic de los años 957 y 971 y los del monasterio de Ripoll de los años 979, 1008, 1047 y 1066. Gracias al inventario del año 1047, sabemos que el altar mayor de la iglesia de Santa María del monasterio de Ripoll, consagrada el 1032, estaba ornado con un antipendio de orfebrería y un baldaquín o cimborio recubierto de plata y sostenido por columnas.

Los testamentos y los testamentos sacramentales son otra fuente de información primordial. Por ejemplo, el de la condesa Ermessenda del año 1057 en el que legó al cenobio de Sant Feliu de Guíxols treinta onzas de oro para un frontal de plata, y en el testamento sacramental del año 1058, donó a la iglesia de Sant Quirze de Besora la cantidad suficiente de oro y plata para hacer una buena cruz.

Otras tipologías aparecen detalladas en esta publicación como son las dotaciones a iglesias fuente riquísima de información por los objetos que aportan.

Finalmente, se recogen cuadros, en forma de tabla, en los que se relacionan los objetos litúrgicos ordenados por tipología y cronología; los inventarios relacionados en el estudio; y treinta y cinco láminas con los objetos ordenados cronológicamente además de otras informaciones relacionadas con el propio documento.

Texto: Lourdes de Sanjosé i Llongueras

 

 

Cuando la Dra. Lourdes de Sanjosé i Llongueras estaba elaborando su tesis doctoral sobre la orfebrería medieval en Cataluña, durante una de sus frecuentes visitas al Archivo y Biblioteca Episcopal de Vic, comentaba el valor que tenía para una historiadora del arte como ella poder disponer de diplomatarios medievales en los que poderse documentar y expresaba su deseo de ver publicados más ejemplares. Es un hecho que los diplomatarios catalanes publicados, a pesar del enorme esfuerzo de autores y de editoriales llevados a cabo en los últimos decenios, no ha conseguido aun sacar a la luz mucha documentación de los riquísimos archivos de nuestro país. Falta por ejemplo la publicación de los diplomatarios del siglo XII, tan copiosos de las catedrales de Barcelona, Girona, Tarragona, Tortosa y Vic, y por descontado falta la publicación de muchos diplomatarios medievales.

Ese hecho no frenó el propósito de la Dra. De Sanjosé de elaborar un diplomatario sobre orfebrería medieval que formara parte de su tesis doctoral, L’obra de Llemotges i d’altres orígens. L’obra de metall als segles XII-XIII a Catalunya (2015), diplomatario que se ha reducido y adaptado para incorporarlo al libro titulado Al servei de l’altar. Tresors d’orfebreria de les esglésies catalanes (segles IX-XIII), que por deseo de la autora y por basarse especialmente en la documentación de los archivos vigitanos, será publicado próximamente por el Archivo y Biblioteca Episcopal de Vic conjuntamente con el Patronat d’Estudis Osonencs [la publicación es de junio de 2018].

La larga investigación de la Dra. De Sanjosé en los archivos vicenses, de la cual soy testimonio y colaborador, le ha proporcionado documentos inéditos de gran interés. Algunos los ha publicado en los artículos titulados «Inventari del tresor litúrgic de l’altar de Sant Pere de la catedral de Vic de primers del segle XIII» (2015), y «Àpoca de les joies de la reina Elisenda de Montcada» (2017), sus referencias completas se encuentran en la lista de obras citadas abreviadamente. El citado inventario de la catedral de Vic y muchos otros documentos vicenses se encuentran recogidos en la presente obra.

Una recopilación que se basa en lo que la autora presentará como apéndice de su tesis, pero que después de aumentarlo considerablemente lo ha adaptado como libro independiente. Para incrementar la lista de documentos han sido útiles los necrológicos, tanto los editados como los inéditos, y la consulta de pergaminos y códices de algunos fondos documentales como los de la Seo de Urgel, y especialmente los de Vic. Con respecto a la documentación inédita de los siglos XII al XIV de los fondos vigitanos, le ha facilitado la investigación la consulta de la obra, especialmente la manuscrita y no publicada, tanto la de Jaume Ripoll i Vilamajor como la de Josep Gudiol i Cunill.

En el subtítulo del libro, la autora califica la colección como provisional, aproximación del todo correcta y comprensible para una obra de esas características, realizada sin disponer, por el momento, tal como he indicado, de todos los diplomatarios que serían necesarios, publicación que no está prevista en un corto plazo, así como sin haber podido explorar la frondosa selva de los fondos archivísticos inéditos, cosa totalmente imposible de abordar actualmente. Sin embargo, la colección de la Dra. De Sanjosé es una buena herramienta para el estudioso que rápidamente se apercibirá de su utilidad.

Un repaso de la colección revela la diversa tipología de la documentación que facilita la información sobre orfebrería litúrgica medieval. La autora ya se refiere extensamente a ello en su introducción. Por mi parte, no puedo dejar de resaltar la importancia que para el conocimiento de los siglos IX-XII tienen las dotaciones de las iglesias, ya que entre el tesoro de las mismas se citan los objetos de orfebrería usuales para el servicio litúrgico: el cáliz y la patena, los candelabros, la cruz y el incensario. Los altares mayores de algunas iglesias catedrales y monásticas fueron dotados, con motivo de sus respectivas dedicaciones, con un frontal de madera recubierto de oro o de plata. Así en el año 917 el conde Gausbert ofreció a la catedral de Elna una «tabula argentea» (doc. 10). En el 925 los condes Sunyer y Riquilda ofrendaron a la iglesia de San Salvador del monasterio de Ripoll una «tabola cohoperta de argento parata cum auro» (doc. 13). Y en 1038 la condesa Ermessenda concedió a la catedral de Girona trescientas onzas de oro «ad auream construendam tabulam» (doc. 65).

El frontal de oro de Girona fue visto por Jaime Villanueva durante la visita que hizo a esta ciudad el año 1807, cuyo resultado fue la descripción del altar mayor de la catedral «y sus cuatro costados cubiertos con gran riqueza de plata y oro, y algunas piedras nada despreciables. El principal está cubierto con un frontal de oro, que creo ser la tabula aurea, para cuya construcción dio la condesa Ermesindis trescientas onzas de oro el día que se consagró la iglesia, como se dice en su escritura». Y dejó escrita la descripción del frontal en los siguientes términos: «Dicho frontal está dividido en treinta y dos cuadros, que representan en relieve varios pasajes de la vida del Salvador, cuyo centro ocupa un óvalo con una imagen de nuestra Señora. Al pie de este óvalo hay otro pequeñito, en que está figurada de esmalte una señora sentada, y alrededor se lee: Gisla cometissa fieri iussit. Esta fue la segunda muger del conde Berenguer, hijo de Ermesindis, quien ejecutó los deseos de su suegra, cuyo nombre se ve entallado en una piedra al lado derecho del que mira el ovalito, donde se lee: Ermesindis. Las figuras todas son de pésimo dibujo; cosa tanto más para extrañar viendo en el contorno y fajas divisorias algunas grecas y arabescos que no displacen. En los cuatro ángulos se pusieron de esmalte las figuras alegóricas de los evangelistas con sus respectivos lemas. De los cuales solo pude leer el de San Juan, que dice: More volans aquilae verbo petit astra Johannes. Entre las piedras engastadas hay un camafeo que me pareció la cabeza de Medusa, y dos sellos árabes que no copié por lo incómodo de su localidad». Desgraciadamente este frontal de oro tuvo que ser vendido y fundido en 1809, en el transcurso de la Guerra del Francés, al objeto de satisfacer una parte de la contribución impuesta al capítulo catedralicio.

He de resaltar también la gran información que aportan los inventarios, algunos de ellos muy antiguos, como los de la catedral de Vic de los años 957 y 971 (docs. 24 y 29) y los del monasterio de Ripoll de los años 979, 1008, 1047 y 1066 (docs. 33, 43, 74 y 100). Gracias al citado inventario del año 1047, escrito después de la muerte del abad Oliba, sabemos que el altar mayor de la iglesia de Santa María del monasterio de Ripoll, consagrada el 1032, estaba ornado con un antipendio de orfebrería y un baldaquín o cimborio recubierto de plata y sostenido por columnas. Un baldaquino que se cita en el primer inventario ripollés del siglo XII (doc. 251-I), pero que no se encuentra citado en el segundo (doc. 251-II), posterior al espolio condal de la plata del monasterio ripollés del año 1141. Son importantes también los inventarios del monasterio de Sant Joan de les Abadesses del año 1217 (doc. 258), el de la catedral de Vic de ca. 1225 (doc. 263) y el de la capilla del rey Jaime I de 1258 (doc. 280), sin olvidar los diversos inventarios de les capillas de les casas de la Orden del Temple durante el siglo XIV.

Los testamentos y los testamentos sacramentales son una fuente de información primordial. La primera citación de orfebrería de la colección se encuentra precisamente en el testamento del obispo Sisebut d’Urgell, del año 839 (doc. 1). Del siglo X son los testamentos del obispo Idalguer y del arcediano Guadamir, más tarde obispo de Vic (docs. 7 y 20) y del conde de Besalú y obispo de Girona Miró Bonfill (doc. 32), todos ellos con legados importantes de piezas de orfebrería. A primeros del siglo XI la catedral de la Seo de Urgel recibió un legado del conde Ermengol I (doc. 41), un cierre de oro y otras piezas de plata; y, otro legado del obispo Sala (doc. 46), una cantidad de oro para labrar una cruz destinada al altar mayor. El conde Bernat Tallaferro de Besalú, fallecido en 1020, legó vasos de oro y plata al monasterio de Santa María de Ripoll y diversas onzas de oro a tres iglesias para fabricar dos cruces y unas cubiertas de evangeliario (doc. 56). Su hijo Guifré, obispo de Carcasona, hizo lo mismo en 1044, legó tres copas y tres cucharillas de plata para la labra de la cruz del monasterio de Sant Joan de les Abadesses del cual fue abad (doc. 71). La condesa Ermessenda, oriunda de Carcasona, enterrada en la catedral de Girona, donde había sido obispo su hermano Pedro, legó al cenobio de Sant Feliu de Guíxols treinta onzas de oro para un frontal de plata y a la iglesia de Sant Quirze de Besora la cantidad suficiente de oro y plata para hacer una buena cruz (docs. 85 y 88). Hemos visto que en el año 1038 había ofrecido a la catedral de Girona trescientas onzas de oro para construir un frontal de oro, que es la «tabula aurea», además de una cruz, que consta en la nota necrológica de la condesa, inscrita en el martirologio de la misma, de la citada catedral (doc. 87).

Gracias a otra nota necrológica, del año 1328, sabemos que un canónigo de Vic, llamado Ramón de Abadía donó a su catedral una copa de cristal para transportar la eucaristía (doc. 335). Ha de ser la custodia de cristal con pie y cobertor de plata, ornada de esmaltes y piedras preciosas que aparece descrita en el inventario de la tesorería de la catedral vicense de 1342 (doc. 339). Ha de ser esta custodia ya que en el inventario de la misma tesorería de 1368 aparece citada una custodia de cristal y plata «apelada den Badia, que la féu fer» (doc. 356). Se trata del copón que sirvió de custodia en la procesión de la festividad del Corpus hasta 1413, fecha en la que fue sustituida por la custodia costeada por el canónico sacristán Bernat Despujol, por este motivo el copón se reservó para el solemne viático anual de los enfermos del Hospital el lunes de Pascua. Sabemos que en 1582 la primitiva copa de cristal se rompió, y fue el obispo Pedro Jaime quien mandó que fuera sustituida por una copa de metal. Con esta nueva presentación perduró hasta 1936, año en que se perdió como consecuencia del asalto e incendio de la catedral. Se conserva la fotografía que se reproduce en la presente publicación.

Una consideración final referida a la cruz de plata que el año 1394 el obispo Francesc Riquer y el capítulo de canónigos de la sede de Vic encargaron al orfebre vicense Joan Carbonell. Para su fabricación se destinaron 300 florines que fueron donados a la catedral por Joan de Baufés, antiguo obispo de Vic (1392-1393) y que en ese momento era obispo de Huesca (doc. 371). En el inventario de la Tesorería del año 1443, fecha que sobrepasa el marco cronológico de la presente colección, se la describe así: «Item altre creu d’argent molt bella e moderna, obrada e daurada ab diverses arquets e ymages e smalts, e en la una part de aquella són les armes de mossèn Johan, primo bisbe de Vich e aprés bisbe d’Oscha, e en l’altre part són les claus de Sant Pere. La qual obrà en Carbonell, quondam argenter de Vich. De la qual creu falen dues flors dalt e del bras dret de la dita creu falen dues floretes e baix en lo canó falen dos pilarets e del botó de la dita creu fall una flor e de la rodorta de la dita creu baix fall un trosset e del mig de la dita creu endret les cames del crucifix fall una flor».

Esta preciosa cruz procesional de la catedral de Vic es una de las pocas piezas documentadas que se presenta en la presente colección documental que por suerte se ha conservado hasta el día de hoy. La catedral de Vic también ha conservado las cubiertas de plata de un evangeliario que podrían haber salido del mismo taller del maestro Carbonell ya que llevan grabado el punzón de Vic. Pero por el momento no se han podido documentar.

La gran mayoría de piezas documentadas y otras que conocemos por su descripción, al haberse conservado en la catedral durante siglos, se han perdido por guerras y por espolios. Gracias sin embargo al trabajo paciente de la Dra. Lourdes de Sanjosé i Llongueras, podemos al menos tener información bien documentada de muchas piezas de orfebrería litúrgica en sus variantes tipológicas, que fueron fabricadas para uso de las iglesias catalanas o fueron adqui-ridas por ellas desde el siglo IX hasta el siglo XIV. Por eso es merecedora del agradecimiento y felicitación por parte de los estudiosos del arte y de la historia medieval de nuestro país.

Prólogo escrito por el Dr. Ramon Ordeig i Mata, proporcionado por la autora.