Joan Valero

Reseña: Els capitells historiats del claustre de la catedral de Tarragona

ESTHER LOZANO LÓPEZ; MARTA SERRANO COLL. Els capitells historiats del claustre de la catedral de TarragonaArola Editors, 2010, 128 p. Edición bilingüe: catalán-castellano.
ISBN: 978-84-92839-39-1

Tarragona siempre ocupó un lugar especial en la Cataluña de la Edad Media no sólo por su pasado glorioso, sino también por los privilegios eclesiásticos de los que gozó. La que fue urbs imperial en época romana se encuentra presidida, aún hoy, por la catedral de Santa María, uno de los edificios más notables y majestuosos de la ciudad.

Caprichos de la historia han permitido que las sucesivas remodelaciones arquitectónicas no hayan derruido las partes más antiguas del claustro (tal y como sucedió en Jaca, Pamplona o León) y que en la actualidad podamos disfrutar de uno de los conjuntos más interesantes y bellos de los iniciados en el siglo XII en los reinos cristianos peninsulares.

Tanto su calidad arquitectónica como su riqueza escultórica, su excepcional situación (conectada con los restos del temenos del recinto imperial de época flavia en el lado norte de la catedral) y sus inusuales dimensiones (46 x 46 metros) han ejercido una atracción continua sobre los investigadores, quienes han dedicado multitud de páginas para tratar de desvelar los interrogantes que se esconden tras este magnífico conjunto.

El propósito principal de este libro es invitar a los espectadores a que emprendan un paseo evocador por el recinto claustral y persuadir a aquellos que ya lo conozcan a volver, porque las grandes obras de arte parecen distintas cada vez que se las contempla y siempre ofrecen detalles nuevos por descubrir.

A partir de un exhaustivo recorrido visual que comienza en la panda sur se muestran todos los capiteles historiados (veintiocho de un total de doscientos noventa y cinco) acompañados por los textos que pudieron servirles de inspiración, como por ejemplo el Antiguo y el Nuevo Testamento, los Evangelios apócrifos, las fuentes patrísticas, o la Leyenda Dorada. A través de su lectura, el visitante podrá advertir las particularidades de las imágenes y, en ocasiones, comprender el porqué de la ubicación de cada escena.

No es nuestra intención realizar un análisis de los aspectos histórico-artísticos del claustro, pero no podemos olvidar los datos principales que ayudan a interpretar el proceso de construcción del recinto. El 21 de marzo de 1118 el Pontífice Calixto II (†1124) nombró arzobispo de Tarragona a Oleguer (†1137), obispo de Barcelona, imponiéndole la obligación de iniciar una cruzada junto con los nobles catalanes para restaurar la metrópolis tarraconense, entonces en manos de los musulmanes. Fue en ese momento cuando Ramon Berenguer III (†1131) le donó el Camp de Tarragona, la ciudad y la ecclesiae sedis Tarrachonensis que había sido fundada in honore beate Tecle virginia conforme a la documentación. En 1125 llegaron a la Ciudad Condal tropas procedentes del sur de Francia, Normandía, Provenza, Italia y Sicilia para participar en la recuperación de Tarragona. Uno de sus caudillos, Robert Burdet o d’Aguiló (†1155), fue proclamado princeps Tarraconensis el 14 de marzo de 1129, nombramiento que produjo multitud de conflictos políticos y sociales que condicionarían el desarrollo de las obras de la catedral. Aunque en 1131 Inocencio II hizo un llamamiento a los ciudadanos para que contribuyesen a sufragar los gastos de la fábrica, la primera referencia documental que nos habla del templo nombra al obispo Bernat Tort (†1163) quien, el 30 de octubre de 1154, instituyó una comunidad regular de agustinos según los usos y costumbres de San Rufo, dotó a la canónica de una fortaleza y concedió dinero ad opus ecclesiae incipiendum et ad oficinas canonicae faciendas. Las informaciones escritas son desiguales, pero sabemos que en su construcción prelados, canónicos, reyes, nobles, barones y otros particulares participaron con un goteo continuo de donaciones.

Erigido con bastantes interrupciones, el claustro se vincula arquitectónicamente con el parámetro cisterciense, aunque las dudas estructurales en el sistema de soporte parecen indicar que Tarragona fue anterior a los recintos de Poblet y Santes Creus. Si consideramos que las obras pudieron haber comenzado en tiempos de la prelatura de Hug de Cervelló (†1171), el testimonio de 1214 que habla de las operi claustri Terrachonae podría ser entendido en referencia a la estructura arquitectónica de las bóvedas y, por tanto, término ante quem de su escultura.

En cualquier caso, al margen de la polémica cronología del conjunto, entrar en el excepcional claustro de Tarragona supone cruzar el umbral de la Edad Media. Recorrer con calma las cuatro galerías y detenerse en sus capiteles es un privilegio excepcional, pues en el pasado muy pocos podían penetrar en las dependencias catedralicias y contemplar los vestigios artísticos con total libertad. Las páginas de este libro procuran comprender y dar a conocer lo que quisieron transmitir los escultores que intervinieron en la decoración de este recinto claustral. En realidad, pretenden ser una guía para el visitante que, muchas veces y sin ser consciente, observa la excepcional iconografía de sus capiteles desde una perspectiva actual.

Texto facilitado por Marta Serrano y Esther Lozano

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